LA ALEGRÍA DE JUGAR AL SOFTBALL

Orlando Rodríguez
Director del equipo de softball femenino

Se dice que las cosas buenas llegan de manera inesperada. A diario puedo acordarlo, cada vez que pasa por mi cabeza, que soy el entrenador del primer equipo femenino de softball de la USMA.

Mientras elaborábamos el parque ecológico de la Dirección de Vida Universitaria para la JMJ, conocí a dos chicas quienes también eran amantes del beisbol. Les comenté que había otras dos jugadoras que practicaban con nosotros en el equipo masculino, así que, al proponerles la idea de jugar en un equipo femenino de softball para la USMA mostraron mucho interés.

A pesar de que la mayoría no tenía conocimientos previos sobre ese deporte, era impresionante ver las ganas de aprender y jugar. Se sentía un gran compromiso, incluso al inicio, cuando eran aproximadamente 5 jugadoras; ellas fueron trayendo amigas que, tímidamente, entraban a la cancha, sin saber que muy pronto todas estarían jugando su primer partido, su primer torneo y, claro, siendo parte de la historia de nuestra universidad como pioneras del softball femenino.

Sentí una gran felicidad cuando, al finalizar su primer partido, vi algunos ojos a punto de llorar por la alegría, fue algo que se sintió en todo el equipo. Una de ellas me abrazó y me dio las gracias. Fue allí donde sentí más que nunca el valor de lo que estábamos haciendo como equipo, así como el compromiso y la responsabilidad que esto involucraba.

Siempre me gusta hablar con ellas antes y después de los partidos. Me gusta hacerlas reír un poco para que no estén nerviosas y, a la vez, darles confianza, algún consejo antes de jugar, para que estén listas. Hago mucho énfasis en la alegría y en sus sonrisas. Siempre les recuerdo que esto es un juego y que estamos ahí para que ellas se diviertan, porque si no nos divertimos jugando a la pelota… estamos perdiendo nuestro tiempo.

A menudo les subrayo que a mí me importa más verlas reír, que la cantidad de carreras que anoten. Si bien es cierto, cada uno de los que formamos parte del equipo tenemos una mentalidad ganadora, agresiva y competitiva; pero un equipo sin alegría, sin pasión y sin sonrisas, jamás será un equipo ganador.

Es un sentimiento indescriptible ver a esas once jugadoras salir a la cancha con miradas alegres y llenas de confianza en sí mismas, demostrando un gran talento que tal vez ellas nunca pensaron poseer. Verlas florecer ha sido una maravilla y me siento muy orgulloso por ellas cuando las veo jugar, gozando algo que tal vez nunca pensaron disfrutar, pero que ahora aman.

Es todo un honor enseñar, pero lo es más, aprender tanto de ellas y poder ser, gracias a Dios; parte de este grupo de estrellas de nuestra Universidad. Tengo toda la confianza en que el futuro para este equipo es muy brillante.

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de esta Universidad.

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