Pluma Invitada Jose Daniel Franco Seis semanas para crecer

Pluma Invitada: José Daniel Franco “Seis semanas para crecer”

“Seis semanas para crecer; una vida para ser”.

José Daniel Franco

Comunicación Social

Cuando se tiene la experiencia de poder viajar fuera de tu país, lejos de tu zona de confort, lo más probable es que te nazcan tres principales preguntas: ¿Ya es hora? ¿Estoy seguro? ¿Será sencillo? Conforme va pasando el tiempo, esas preguntas se van resolviendo sin que nos demos cuenta. Por supuesto, la tercera pregunta es la que se responde con mayor rapidez: Claro que no. Viajar por 6 semanas a un destino desconocido es complejo; es dejar lejos, por largo tiempo, un trabajo, tus clases, y quizás, la que más golpea con fuerza, tu familia. Al momento de abordar el avión, te das cuenta que difícilmente le podrás decir al piloto que por favor aterrice, que ya no quieres. Con esto presente, es necesario que la segunda pregunta sea un sí tajante. Por último, la primera pregunta que se plantea es seguramente la que tomó meses resolver antes y, conociendo todas las indecisiones anteriores, con valentía la respuesta tiene que ser un sí.

Con esta reflexión, me encaminé a Medellín. Viviendo en Panamá, es un hecho que el destino de moda sea este territorio montañoso. Sin embargo, cuando aterrizas y convives en este lugar, llegas a ver que todos estos destinos se ven contrastados con el impacto que ha tenido la sociedad colombiana desde la difícil lucha contra la desigualdad y las secuelas del conflicto armado.

Te adentras al lugar asignado, un colegio muy modesto de 3 pisos, ocupado por estudiantes entre 8 a 16 años que han vivido en condiciones muy riesgosas, y empiezas a concluir que las publicaciones en redes son punto y aparte. Entrar a este lugar fue algo revelador y desconcertante a la vez, y te lleva a creer que hay bastante trabajo por hacer. No obstante, pasan las semanas, pasan los niños, pasan los profesores y los amigos y también te sientes bendecido porque sabes que no actúas solo.

La hospitalidad y disposición de los rectores y docentes te refuerza, la buena actitud de tus compañeros de trabajo te alimenta, y la sonrisa de un niño o de una niña diciéndote ‘’Profe’’ te motiva. Tener esa oportunidad de dejar alguna enseñanza a alguien es algo que al menos una vez en la vida hay que experimentar. En mi caso fueron seis semanas donde el esfuerzo y la actitud de que los estudiantes supieran armar frases en portugués, a dialogar sin gritarse, y a tolerarse sin importar las diferencias fueron constantes. Te piden abrazos, quieren que les des un consejo, inclusive su hombro después de una pelea con un compañero… fuerte.

Aunque vivir la experiencia de ser profesor no fuera serena todo el tiempo, sabiendo todas las peleas que había que separar, todas las dificultades que conlleva a que tan solo un estudiante te preste atención, y a que exista esa motivación y dedicación por parte de los alumnos todos los días, es gratificante que tu esfuerzo, al final, valdrá mucho la pena y recordarás que al final existirá el afecto y aprecio en estos espacios.

Para ir concluyendo, quiero primero expresar mi agradecimiento a Dios Padre por darme ese gozo de tener esta experiencia, y porque de su mano he sentido que volver a casa me haga sentir bendecido y en victoria. Expreso mi gratitud a las directivas de AIESEC, tanto de Panamá como de Colombia, por proporcionar estos campos de crecimiento humano y espiritual, siendo jóvenes como yo, dispuestos a lograr con pequeñas obras, grandes resultados para lograr enormes cambios al mundo.

Mi consejo para el que llegue a poner sus ojos en estas notas es que siempre que se alejen de sus familias, denles un fuerte abrazo y díganles que los aman, que por ellos tienes hogar, ganas de crecer y sobre todo, de ser. Nunca dejemos de alimentarnos de la sabiduría de los mayores, y cuando podamos atender a los menores o a quien más lo necesite, siempre reflexionemos y miremos como podemos aportar para que en un futuro, también puedan lograr contribuir y juntos podamos enderezar un mundo golpeado por las guerras, las intolerancias, y la indiferencia.

Por último, amigo/amiga estudiante, aprovecha cada palabra de tu docente, ese que lleva también una historia consigo, que se ha preparado gran parte de su vida para darte conocimientos y que, en ciertos momentos, podrá mostrar temperamento fuerte y decisiones que no te agradan, pero en el fondo, su gran motivación es verte preparado y que en su ensoñación y orgullo está el verte parado (o parada) al frente de un escenario, cargando tu diploma con tu cara de “lo logré”. Nunca lo olvidemos: una mejor educación hace un mejor país y un mejor país lo logramos todos.

Servicio Social Universitario

USMA Internacional

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