Cuidado prenatal: Importancia de las emociones durante el embarazo

Por: Dioselina Vanegas, Profesora de la Escuela de Psicología

En muchas sociedades existe un conocimiento intuitivo sobre los efectos del estado emocional de la mujer embarazada en el desarrollo del futuro bebé. En la actualidad, recién estamos aprendiendo que nuestra salud es determinada en gran parte durante el periodo de gestación. Hoy día podemos explicar, desde una perspectiva fisiológica, cómo las emociones durante el embarazo influyen en el crecimiento del feto. Tomemos, por ejemplo, aquellas emociones asociadas con la elevación del cortisol. Puede ser el caso de mujeres que se sienten infelices y deprimidas, debido a una situación personal o por una pareja dominante. Sabemos que el cortisol es un inhibidor del desarrollo fetal, aun cuando la placenta sea capaz de moderar su efecto.

El embarazo es una etapa del ciclo vital de la mujer con importantes modificaciones emocionales, físicas y sociales. Desde el punto de vista psicológico, la gestación supone un cambio en la vida de la mujer, puede ser un momento de gran expectativa anticipando la llegada del bebé, pero también lleno de incertidumbre y ansiedad. Es una etapa crítica para el inicio, recaída o recurrencia de cualquier trastorno mental.

De estos trastornos, son fundamentalmente los cuadros depresivos los que generan mayor atención, entre otras razones, debido a la prevalencia actual de la enfermedad. Además, se debe considerar que en la mujer la depresión se presenta principalmente durante el período de vida fértil.

Contrario a lo que se solía pensar, el embarazo no es un factor protector de la salud mental de la mujer. Muchas mujeres no se dan cuenta de que están deprimidas, en ocasiones porque creen que es consecuente al embarazo. Aproximadamente un 15% de mujeres experimentan síntomas depresivos y, muchas también notan, por ejemplo, que se preocupan demasiado, tienen pensamientos obsesivos, se sienten estresadas y sobrepasadas, o se ve afectada su alimentación, sueño y concentración. La falta de reacción y respuesta de la madre deprimida desencadena una respuesta depresiva en el niño, así como en la vinculación y el apego, que será más fácilmente inseguro, de forma que puede haber problemas cognitivos y emocionales en el futuro del infante.

El estrés puede estar asociado con los síntomas propios del embarazo, dificultades familiares, de pareja, problemas de autoimagen, situaciones sin resolver de la familia de origen, duelo, trauma, trastornos del ánimo o de ansiedad previos al embarazo e incluso decepción por el género del bebé.

Una mujer embarazada que experimenta estos síntomas debe saber que es una experiencia común y es tratable. Sin embargo, es importante buscar ayuda antes de que nazca el bebé; una atención temprana reduce las probabilidades de desarrollar depresión postparto, entre otras complicaciones.

La terapia psicológica es beneficiosa cuando los síntomas son moderados. Como psicóloga, desde una postura de respeto, empatía y sin juzgar, acompaño a la mujer o la pareja a identificar y tratar los problemas que estén causando malestar. El objetivo es brindar a la mujer una serie de estrategias y herramientas para que pueda lidiar con la culpa, tristeza y ansiedad, que pueda ajustarse a la transición con el bebé y balancear sus necesidades personales con la familia, pareja y trabajo. Como terapia de apoyo, debe ser breve, se busca que la futura mamá socialice, realice actividades placenteras y comparta sus experiencias con personas allegadas.

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de esta Universidad.

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