Una bandera, una herencia

Por: Ariel Barría Alvarado
Docente de la USMA y Director de la Editorial La Antigua

Por antonomasia, noviembre es el Mes de la Patria en Panamá. El calendario concentra en sus treinta días las fechas más significativas de la nacionalidad, referidas a la independencia y a la libre determinación que, como pueblo soberano, nos corresponde.

La USMA se mostró rebosante en actividades patrióticas durante este mes. El vistoso tricolor ornó espacios comunes
y oficinas, junto a muestras de la identidad panameña, a melodías, danzas y vestuarios folclóricos. También hubo aromas representativos de la comida típica, al igual que eventos culturales en honor a hechos que marcaron el avance del pueblo istmeño hasta el presente.

Al finalizar noviembre, voy a referirme a un evento que se celebró bajo responsabilidad del Grupo de Teatro El Desván, y de su director, el profesor Félix Gómez. Se trata de la puesta en escena de la obra Una bandera, del escritor Ernesto “Neco” Endara, protagonizada por estudiantes usmeños. En ella se revisan los acontecimientos del 9 de enero de 1964, desde la perspectiva de un observador situado en 1977, año de la firma de los tratados Torrijos-Carter, que en 1999 devolverían a Panamá la plena soberanía sobre la denominada Zona del Canal, y pondrían en manos panameñas la administración de la vía acuática.

Desde principios del siglo XX, la presencia militar y el control de Estados Unidos sobre la franja canalera motivó constantes roces, que desembocaron en los trágicos hechos de aquel enero. Ahí se derramó, sobre todo, sangre de estudiantes que tomaron la decisión de inmolarse en una lucha desigual contra el ejército más poderoso del mundo, defendidos apenas por la camisa blanca del uniforme escolar, atuendo con el que acudieron a izar la bandera y cantar el Himno en suelo ocupado.

Tuve el privilegio de participar en la gala de la obra, el lunes 18 en la noche, con la presencia del autor, una delegación de los Héroes y Mártires de 1964, autoridades de la USMA y un público que llenó el auditorio Mons. Tomás Clavel. En el silencio conmovido de la sala, nos embargamos de emoción, de dolor, de asombro y de orgullo por ese retazo de historia que es prohibido olvidar.

Una buena parte de la juvenil asistencia comprendió, por primera vez y cabalmente, cómo una generación de muchachos, iguales a ellos, pagó sin dudar la cuota más alta para legarnos un mejor futuro. Ese futuro es hoy, y nos
corresponde evaluarlo, estimarlo y mejorarlo en honor a aquellos héroes que seguirán vivos mientras no echemos sobre ellos un puñado de olvido.

Gracias, Neco Endara, amigo y escritor insigne; gracias Teatro El Desván por tan luminoso momento; los Mártires hablaron claro: más que izar una bandera nos dejaron un país soberano como herencia. Ellos la pusieron a ondear muy alto, nos toca cuidar que jamás sea derribada.

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de esta Universidad.

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