La alegría de aprender. Ana Sofía Sánchez, Mercadotecnia

En un principio, la idea de realizar 100 horas de Servicio Social, directamente con la comunidad, me aterraba. Salir de la zona cómoda no es fácil para mí y, por tanto, tuve problemas al inicio con la búsqueda de una ONG en la que pudiese cumplir con este requisito de la USMA.

Luego de pasar por tres organizaciones distintas, visité un día YMCA y me gustó mucho su forma de aportar a la comunidad. Mediante el proyecto “Casita de Ocio de Colores”, auspiciado por YMCA, logré compartir con niños y niñas de bajo nivel escolar, provenientes de sectores como Cabo Verde, Llano Bonito y Curundú. En lo espiritual, sobre todo, me e dio oportunidad de compartir un poco de mis conocimientos en los diferentes cursos de cada sábado.

Estos niños adoran tanto a los jóvenes voluntarios y sus clases, que esperan con ansia que sea sábado para ir a sus tardes de cursos. ¡Llegan emocionadísimos! Para mí, fue una experiencia renovadora, que me llevó a ver de cerca que estos niños, aun con escasos recursos, poseen una inmensa energía y ganas de aprender para llegar a ser grandes individuos.

Y sí, finalmente mi participación me hizo reflexionar acerca de mi vida, de lo que tengo, lo que soy y dónde quiero llegar. El Servicio Social Universitario logró darme esa lección fundamental, justo antes de alcanzar mi título universitario en la USMA.

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