Mi experiencia en el Centro Juvenil y Biblioteca Las Mañanitas fue maravillosa, divertida, humanizadora y más. Disfruté cada día de mi Servicio Social Universitario (SSU), enseñando y jugando. Haber tenido esta oportunidad de poder compartir con tantos niños y jóvenes — poniendo a su servicio mi intelecto y mis talentos — es, para mí, un regalo de Dios cuyo precio es incalculable.

Antes de empezar mi experiencia en el Centro estaba preocupado por tener que asistir a aquel sitio. En primera instancia, me preocupaba no saber cómo haría para transportarme a un lugar tan lejos de mi casa (o, al menos, más lejos de lo que estoy acostumbrado). También consideraba que iba a una zona peligrosa, a convivir con personas de una idiosincrasia distinta de la cual estoy acostumbrado. Y, además, si bien llevo mucho tiempo dando tutorías, no sabía si me sería fácil dictarlas en este contexto, que era nuevo para mí.

Sin embargo, esos temores se disiparon rápidamente durante los primeros días. Tan solo bastó llegar al sitio, ser cálidamente recibido por la maestra Perla y todo el equipo del Centro, atreverme a interactuar con los niños y jóvenes, y tratar de dar lo mejor de mí en cada tutoría. Me encontré no con una situación peligrosa, sino con personas a las que podía servir con un amor de entrega.

Gracias a los niños y jóvenes beneficiados y al equipo de voluntarios y colaboradores experimenté una felicidad sincera, una que solo surge cuando se da un verdadero encuentro de persona a persona y se está consciente de lo inmensamente valioso que es cada ser humano con el que uno se encuentra.

Atesoraré por siempre haber podido enseñarles matemáticas a Valerin, Alexis, Felicia, Enrique y Cadir, haber jugado con Noemi, Yasmel, Linelis, Arahm, Michael, Josías y todos los demás niños y jóvenes, y haber compartido con mis compañeros estudiantes voluntarios y el generoso equipo de maestros que llevan adelante la tan linda labor de este Centro.

Ruego a Dios que esta sea tan solo la primera de muchas experiencias similares.


Artículo escrito por Diego Emmanuel Lee, estudiante de Ingeniería Electrónica

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