El conocimiento colectivo de la Arquitectura. La transformación – Miguel Ángel Barrera R.

El conocimiento colectivo de la Arquitectura La transformación Ambientes hermosos, paisajes extraños y alucinantes, en lugares peculiares para desarrollar vida contemplativa, que demuestran conocimiento de las matemáticas y la astronomía, con intereses estéticos y religiosos; grandes obras históricas desde las pirámides de Egipto, el Templo de Karnak, el Erecteón, las ciudades de piedras mesoamericanas, los habitáculos cristianos de Capadocia, por mencionar algunos; nos demuestran sabiduría, contribuciones generacionales, concepciones espaciales internas que superan todo tipo de previsiones: verdaderos laboratorios de formas espaciales, fuentes inagotables de conocimiento.

Los invito hoy a reflexionar sobre la historia del hombre, sobre sus capacidades organizativas, sobre cómo una civilización puede hacer cosas que antes no podía. Sobre el conocimiento colectivo de la Arquitectura.

Hemos de iniciar considerando qué es el conocimiento: es la acción denotada por el verbo conocer y la RAE, en una de sus acepciones, indica: ‘Estado de vigilia en que una persona es consciente de lo que la rodea’. De por sí, se entiende que el conocimiento es individual. Es limitado. Tiende a poner énfasis en la subjetividad. Es un atributo del ser humano. El conocimiento individual es el conjunto almacenado en nuestro ser, de los resultados de todas las averiguaciones ejercidas por nuestras facultades mentales e intelectuales acerca de las cualidades y relaciones de las cosas que hemos percibido por medio de nuestros sentidos.

Los hombres tenemos opiniones, sentimientos e ideas que podemos compartir. La relación entre seres humanos puede llevarnos a aumentar el bagaje de conocimiento y ayudar a enriquecernos mutuamente. Así, el conocimiento colectivo se refiere al conjunto de conocimientos individuales de una colectividad de individuos que integran una familia, país o la misma humanidad.

Consideraciones como las planteadas suelen aburrir a jóvenes y no tan jóvenes, pero no por ello dejan de ser imprescindibles. Tal vez las redes sociales que hoy nos conectan cada vez más (manteniéndonos cada vez más lejos) sean las principales causas de la desconexión y desinterés sobre temas filosóficos y científicos sobre la vida, mientras nos atiborran de un conocimiento corto, vacío y que se expresa de forma cada vez más aislada.

Cada momento de la historia viene acompañado por características que lo hacen especial e irrepetible. Todo conocimiento está vinculado con más de una forma u otra. Así, la arquitectura está vinculada y es el reflejo del pensamiento y conocimiento colectivo, que denota las características esenciales de la época en que se desarrolló. El hombre evoluciona y también sus necesidades. De igual manera han ido variando las respuestas a estas demandas. El conocimiento colectivo nos permite entender técnicas del pasado, recrearlas, mejorarlas, mezclarlas con la tecnología disponible y aplicarlas para brindar soluciones que expresen visiblemente las nuevas características culturales que vamos desarrollando. Esa aplicación permite que el conocimiento colectivo pueda pasar a ser conocimiento individual, mediante procesos de interpretación y reutilización. Creando un ciclo infinito de transformación del conocimiento.

Nuevas prácticas, nuevo conocimiento. No podemos detenernos y contentarnos con repetir. La revolución arquitectónica avanza a pasos acelerados, en medio de la materialidad virtual que hoy empaña casi todas nuestras actividades. Los seres humanos estamos en crisis, lo que nos obliga a reinventarnos. Vivimos un acelerado proceso de mutación de la estructura social. Es muy probable que, como consecuencia de la penetración del virus en nuestra forma de vivir, cambiemos la tipología de las soluciones arquitectónicas y de cómo venían funcionando. El conocimiento colectivo se podría limitar al ciclo infinito planteado si nos quedamos de brazos cruzados. Hemos de lograr que nuestra arquitectura refleje un cambio radical, que evidencie la realidad que vivimos, que transmita ese conocimiento individual y que, con las nuevas prácticas recientes que estamos desarrollando, lo conviertan en nuevo conocimiento colectivo por el bien y aseguranza de nuestra civilización, de nuestra sociedad, de la humanidad.

Miguel Ángel Barrera R. – Docente de la escuela de Arquitectura – USMA

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de esta universidad

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