“Los efectos del abuso de la tecnología en la atención y el control de los impulsos”

Por: Mgter. Ginnie Hughes
Psicóloga clínica de niños y adolescentes

En la actualidad, la tecnología forma parte de nuestras vidas. Como herramienta, como medio, puede ser provechosa. Sin embargo, como terapeuta puedo decir que la exposición a escenas rápidas y sonidos cambiantes puede irritar a los niños y hacerlos sentir nerviosos.

Cuando vienen por primera vez los padres a mi consulta y hablamos de sus horarios y estructuras en casa, generalmente nos encontramos con chicos, que en su tiempo libre, siempre están en la computadora, tableta o
televisión. Utilizar estos dispositivos por tiempo prolongado provoca efectos negativos en los niños debido a la sobre estimulación ya que agota el sistema nervioso y puede provocar estímulos que generen conductas impulsivas o apatía hacia el mundo que los rodea. Está comprobado que la sobre exposición a la tecnología puede afectar varias áreas del crecimiento en los niños.

El desarrollo cognitivo del niño implica las diferentes etapas en donde se desarrolla su inteligencia. Aquí es donde se forma todo lo necesario para aprender, comprender e interpretar el medio que nos rodea. Algunas de las dificultades que presentan los chicos en las diferentes partes del desarrollo, cuando son expuestos a la tecnología de forma ilimitada pueden ser:

1. En el desarrollo cerebral de los niños.
Un desarrollo cerebral afectado por la exposición excesiva a la tecnología, puede acelerar el crecimiento del cerebro de los bebés entre 0 y 2 años de edad y asociarse con la función ejecutiva. Cuando hablamos de funciones ejecutivas nos referimos a las funciones cerebrales que ponen en marcha, organizan, integran y manejan otras funciones; son las que logran que las personas sean capaces de medir las consecuencias de corto y largo plazo de sus acciones y de planear los resultados; esas funciones son las necesarias al momento de aprender.

Dentro de estas funciones podemos mencionar las siguientes capacidades: La organización, el establecimiento de un orden de prioridades y metas; esta es la capacidad de poder planear cómo estudiar y establecer metas; podemos mencionar también, la capacidad de enfoque, de poner y cambiar la atención a las tareas. Esto es necesario ya que la atención juega un papel importante al momento de aprender; que el niño pueda enfocar y poner atención a una tarea y luego cambiar esta atención hacía otra tarea asignada, es lo que le permite al niño regularse. Por ejemplo: cuando hay cambio de actividades dentro del horario de la escuela, esta función es la que le dice al niño “guarda el cuaderno de matemáticas que viene la clase de inglés”; otra capacidad que podemos mencionar dentro de estas funciones ejecutivas es la regulación del estado de alerta; esta capacidad tiene que ver con los impulsos, esta es la función en donde el niño aprende cuándo debe levantar la mano, en el salón de clases o que debe esperar su turno en un juego de mesa, es la capacidad que necesitan para saber, como deben comportarse en el salón de clases o en la casa.

2. En el desarrollo físico del niño.
El excesivo uso de las tecnologías puede limitar el movimiento y consecuentemente el rendimiento académico, la alfabetización, la atención y capacidades.

3. En la regulación del sueño infantil.
Los estudios revelan que la mayoría de los padres no supervisan el uso de la tecnología a sus hijos en sus habitaciones, con lo que se observa que los niños tienen más dificultades para conciliar el sueño. La falta de sueño afectará negativamente su conducta y rendimiento académico.

Entendiendo todo esto, cuando lo miramos con una visión a largo plazo, nos encontramos con que estos chicos, quienes en sus primeras etapas fueron expuestos a un uso excesivo de las tecnologías, llegan a las aulas universitarios con poca regulación en sus impulsos; la educación superior requiere por parte del estudiante una autonomía y disciplina al estudiar, aquel que no tenga la capacidad de regular esto y no pueda manejar límites de tiempos saludables y adecuados le será difícil manejar esta “libertad” al estudiar en la universidad. Es por todo esto que podemos ver, cada vez más, estudiantes que la carrera universitaria les toma 6 años en lugar de 4 años, podemos encontrarnos también, con una inmadurez producto de la necesidad de un regulador externo (profesores, padres, figuras de autoridad), al no tener el regulador, por no ser ya la etapa en la que debiera necesitarlo, nos encontramos con estudiantes poco capaces de manejar presión, “deadlines” y planificación a largo plazo de su futuro profesional.

La tecnología necesita seguir siendo una herramienta útil para todos los aspectos de la vida, más no necesita ser un estilo de vida; el desarrollo implica avance y ejecución; el uso excesivo de la tecnologías en edad tempranas inhibe el desarrollo de estas habilidades (avanzar y ejecutar).

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de esta Universidad.

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