Será para susurrar tu nombre Por: Profesor Domingo Lapadula Silvestri

Sarah

La carta que les comparto, aunque con algo de retraso, llegó a su destinatario. Hago la salvedad que la traducción es propia y como siempre digo, hacer traducciones no es fácil. Es necesario entender el contexto de lo que se quiere decir para entonces en la traducción, darle ese mismo sentido. He tratado de hacer la traducción sin perder la intensión que la motivó, pues es una carta que expresa amor incondicional y agradecimiento. Espero la disfruten como yo lo he hecho muchas veces en ese silencio que en ocasiones, nos ayuda a revelar nuestros sentimientos.

El 14 de julio de 1861 el mayor Sullivan Ballou, oficial voluntario del segundo regimiento de voluntarios del ejército de la Unión en Rhode Island, envió una carta a su esposa Sarah en Smithfield. Comparto con ustedes un extracto de la carta tal cual como fue leída en un programa de televisión presentado por el Public Broadcasting System (PBS) sobre la Guerra Civil estadounidense bajo la producción de Ken Burns.

Querida Sarah:

Son muy fuertes los indicios de que muy pronto estaremos en marcha, tal vez en los próximos días. Y previendo que no me sea posible escribirte nuevamente, me siento forzado a enviarte algunas líneas que espero caigan bajo tu mirada cuando yo ya no esté.

No tengo duda ni falta de confianza en la causa con la que estoy comprometido, ni mucho menos pérdida de valor ni coraje. Sé que la Civilización Americana confía en el triunfo del gobierno y la gran deuda que tenemos con aquellos que han dado su sangre y sufrimiento por la Revolución. Y estoy anuente y deseoso en entregar mis alegrías en esta vida para ayudar a mantener este gobierno y pagar esa deuda.

Mi amor por ti es eterno, me siento amarrado a él y a ti por una fuerza que sólo la omnipotencia puede romper. Y aun así, mi amor de patria llega como una fuerte brisa que me ata de manera irresistible con cadenas al campo de batalla. Los recuerdos de los momentos felices que he disfrutado contigo se agolpan en mi memoria, y me siento profundamente agradecido a Dios y a ti, que me han bendecido por tanto tiempo. Qué difícil es para mí renunciar a ellos y ver convertida en cenizas las esperanzas y los años futuros, cuando de ser la voluntad de Dios, hubiéramos vivido y compartido nuestro amor y ver nuestros hijos crecer convertidos en hombres de bien.

De no regresar, mi querida Sarah, nunca olvides lo mucho que te quiero, y que cuando en el campo de batalla exhale mi último aliento, será para susurrar tu nombre…

Perdona mis faltas y los muchos dolores que te he causado. Que insensato, que tonto he sido algunas veces…. ¡Oh Sarah! Si la muerte regresa a la tierra y se desliza sin ser vista entre aquellos que se aman, yo siempre estaré contigo, en los días más claros y en las noches más oscuras, siempre…, siempre…. Y cuando la suave brisa abanique tus mejillas, será mi aliento, o cuando sientas el aire frío rozar el latido de tus sienes, será mi espíritu que pasa a tu lado. Sarah, no llores mi muerte, piensa que me he ido y espérame, porque nos volveremos a encontrar. Sullivan Ballou fue muerto una semana después en la batalla de Bull Run.

Dedicada a todos aquellos que esperan, sueñan, aman y confían.

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