Foto ilustrativa

El servicio social no es solo cumplir horas, es una experiencia que te cambia. Te permite conocer realidades diferentes y darte cuenta de que muchas personas necesitan apoyo, no solo en lo académico, sino también en lo personal.

Es una oportunidad para ayudar, pero también para aprender y crecer como persona. Durante mi experiencia, trabajé con varios niños, apoyándolos en sus tareas y compartiendo tiempo con ellos. Cada día era diferente, y poco a poco fui entendiendo mejor sus necesidades y su forma de aprender.

Del Servicio Social Universitario, recuerdo especialmente a una familia de varios hermanos, con quienes trabajé más de cerca. Yo ayudaba principalmente a los dos mayores. Se notaba que les hacía falta atención y acompañamiento en casa. A uno de ellos le costaba mucho leer y entender las matemáticas básicas, así que traté de tenerle paciencia y explicarle poco a poco, sin apurarlo. El otro niño era muy despierto, curioso y con mucho liderazgo. Siempre quería participar, preguntar y aprender cosas nuevas, lo que hacía todo más dinámico. Me encariñé mucho con ellos, porque compartíamos el gusto por las matemáticas y realmente disfrutábamos aprender juntos. Me gustaba ayudarlos y ver cómo poco a poco iban entendiendo mejor las cosas.

Esta experiencia me abrió mucho los ojos. Me hizo darme cuenta de la falta de educación y también de la falta de amor y atención que muchos niños tienen. Me dejó una enseñanza muy grande y me hizo valorar más todo lo que tengo. Sin duda, fue algo muy lindo que siempre voy a recordar.

Escrito por: Rebeca Yee | Estudiante de la carrera de Banca y Finanzas.

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