El viaje a través del Servicio Social Universitario (SSU) se convirtió en una travesía inesperada hacia la enseñanza en línea y el fortalecimiento de la conexión educativa a través de una pantalla.

Mi misión: impartir clases de matemáticas a dos niños, no solo como un acto de servicio, sino como una oportunidad de aprender y crecer en un entorno virtual.

Desde el principio, el desafío de adaptarse a las clases en línea se hizo evidente.

¿Cómo podrían dos niños, separados por pantallas y distancias, encontrar la misma conexión educativa que brinda un aula física? El primer obstáculo fue enfrentar la resistencia inicial al formato virtual, tanto de los niños como de sus padres.

La incertidumbre se presentaba como un invitado no deseado en nuestras lecciones. Sin embargo, como en todo desafío, descubrí oportunidades para la creatividad.  Armado con las herramientas digitales y técnicas de enseñanza adaptadas de mi formación académica, transformé las lecciones de matemáticas en experiencias interactivas y divertidas.

Utilicé plataformas educativas en línea, juegos virtuales y actividades personalizadas para superar la barrera física y hacer que las matemáticas fueran más que ecuaciones en una pantalla.

La conexión humana se convirtió en el núcleo de mi enfoque. La comunicación constante con los padres se convirtió en un puente esencial entre el aula virtual y el hogar.

No solo compartí el progreso académico de los niños, sino que también proporcioné consejos prácticos para optimizar su aprendizaje en casa.

Esta colaboración no solo abordó desafíos técnicos, sino que también construyó una comunidad virtual de apoyo.

A lo largo de esta experiencia, el impacto más profundo fue ver cómo estos dos niños florecían en su comprensión de las matemáticas y, lo más importante, en su confianza.

Superaron no solo los desafíos académicos sino también la barrera virtual que inicialmente parecía infranqueable.

La resiliencia de los niños y la adaptabilidad del servicio social demostraron que la educación puede trascender fronteras físicas.

Felipe Chung Lu.

En retrospectiva, el SSU se convirtió en una lección valiosa sobre la flexibilidad, la creatividad y la importancia de abrazar la tecnología como una herramienta para el bien.

Si bien enfrenté retos, cada obstáculo se convirtió en una oportunidad para aprender, enseñar y dejar una huella duradera en el viaje educativo de estos dos niños.

El Servicio Social Universitario no solo fue un acto de dar, sino un intercambio mutuo que demostró que, incluso a través de pantallas, podemos construir puentes hacia un aprendizaje significativo y conexiones duraderas.

Por: Felipe Chung Lu | Estudiante de cuarto año de la carrera de Ingeniería Civil

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