Las nuevas tecnologías de información y comunicación, así como el desarrollo de software de aplicaciones, clases y cursos en línea y la enorme base de conocimientos que provee internet  nos plantea a los docentes la encrucijada de justificar nuestro modelo tradicional de enseñanza presencial y la preocupación del cómo ajustar nuestra didáctica y metodología utilizada, para que nuestros estudiantes se muestren interesados en la materia que dictamos.

Los jóvenes millennial, altamente tecnológicos e hiperconectados, tienen un esquema mental muy diferente al nuestro y, por lo general, consideran que los conocimientos que tratamos de impartirles están siempre disponibles en la red; por tal razón no comprenden y aceptan a medias nuestro modelo tradicional de enseñanza.

Así los observamos inquietos y muchas veces hasta desesperados si no tienen su dispositivo de comunicación en la mano. La interrogante que nos hacemos cada vez que entramos a un salón de clase es ¿cómo superar esta barrera, o cómo utilizarla y sacarle provecho para lograr los objetivos de la enseñanza?

Más allá de poner reglas estrictas sobre el uso de estos dispositivos e impedir su uso, podríamos dar un giro de ciento ochenta grados y utilizarlos en la clase, buscando información, sintetizando o resumiendo escritos, analizando ponencias o encontrando divergencias o similitudes en puntos de vista de distintos autores.

Es un cambio de paradigma en donde la creatividad del docente juega un papel fundamental. Tenemos que lograr que cada estudiante sienta que es su responsabilidad dar el uso correcto a su dispositivo mientras permanece en un salón de clases.

Cambiar la memorización por el análisis crítico, el cálculo manual por el uso de programas de cálculo. Potenciemos la búsqueda de herramientas, su uso, aplicación y análisis.

La incertidumbre del futuro nos plantea retos no solo en la formación profesional, sino de adaptación a los cambios, resiliencia, combinación de saberes, conciencia ambiental y sobre todo de interiorizar las competencias blandas.

Recordemos que el tiempo para cambiar en la tecnología es muchísimo más corto que el tiempo para cambiar en la educación.

Por: Profesor Dimas Quiel 

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