Cuando inicié mi Servicio Social Universitario en la Fundación Gramo Danse pensé que sería una experiencia enfocada principalmente en brindar apoyo académico a un grupo de niños. Sin embargo, con el paso de las semanas comprendí que esas cien horas representarían uno de los aprendizajes más significativos de mi formación universitaria y personal.
Cada tarde, en el programa Danzárea, acompañaba a los niños en sus tareas de matemáticas, español e inglés. Poco a poco comprendí que enseñar iba mucho más allá de explicar contenidos. También significaba escuchar, motivar, tener paciencia y adaptar la forma de enseñar según las necesidades de cada niño.
Fue muy gratificante observar cómo algunos llegaban inseguros al comenzar una actividad y, después de recibir orientación y acompañamiento, lograban resolver sus tareas por sí mismos. Estos pequeños avances me enseñaron que la educación no solo transmite conocimientos, sino que también fortalece la confianza y la motivación para continuar aprendiendo.
Además del apoyo académico, compartimos juegos de mesa, conversaciones y actividades de comprensión lectora relacionadas con la danza. Estos espacios permitieron fortalecer la convivencia y crear un ambiente de confianza donde los niños podían participar y expresar sus ideas.
Al finalizar mis cien horas comprendí que mi mayor aprendizaje estuvo en la oportunidad de servir. Descubrí que dedicar tiempo, escuchar con atención y brindar apoyo sincero puede generar un impacto positivo en otras personas. Esta experiencia fortaleció mi empatía, paciencia y compromiso social, y me recordó que las acciones más sencillas pueden dejar huellas profundas en la vida de los demás.

Escrito por: Wendy Díaz Rojas, estudiante de la Licenciatura en Negocios Internacionales.

