Mi experiencia en el Centro Juvenil y Biblioteca de Las Mañanitas fue un proceso de crecimiento personal y profesional que me permitió acercarme al ejercicio real de la psicología comunitaria.
Durante las jornadas descubrí que cada niño llega con una historia distinta y que detrás de una conducta inquieta casi siempre existe una necesidad de afecto, límites o reconocimiento.
Participé en actividades de apoyo escolar, lectura, juegos cooperativos y pequeños talleres de emociones donde los niños aprendían a nombrar lo que sentían.
También realicé acompañamientos individuales cuando alguno se mostraba ansioso, triste o con dificultades para relacionarse.
Estas vivencias me enseñaron a observar con atención, a no juzgar y a buscar estrategias respetuosas para orientar.
Comprendí que el vínculo es la principal herramienta del psicólogo y que antes de cualquier técnica está la capacidad de escuchar. Hubo días retadores en los que aparecieron conflictos o desmotivación, y fue necesario mantener la calma y actuar con paciencia.
Ver los avances, como un niño que logró leer mejor o expresarse de una mejor manera, me confirmó el valor del servicio.
Esta experiencia fortaleció mi vocación por la niñez, me hizo más sensible a la realidad de mi país y me recordó que la Psicología cobra sentido cuando se pone al servicio de los demás y de las comunidades que más lo necesitan.
Escrito por: Carlota Darwish | Estudiante de la carrera de Psicología
