Foto ilustrativa/ DC Studio en Magnific

Mi experiencia en el servicio social fue gratificante, llena de aprendizajes, emociones y perseverancia. Fue una experiencia inolvidable que cambió un poco mi vida. Para mí, representó un sueño cumplido. Desde el primer día, cuando los niños me llamaron «maestra», sentí una emoción muy grande. Al finalizar el servicio social comprendí que había cumplido un sueño que tenía desde mi infancia: poder enseñar, acompañar y ayudar a los niños en su proceso de aprendizaje para mejorar su rendimiento académico. Eso me hizo sentir muy orgullosa de lo que estaba haciendo.

No tengo palabras para expresar cuánto he aprendido. Antes de realizar este servicio social me costaba mucho tolerar a los niños; incluso, en algunas ocasiones, me irritaba estar cerca de ellos. Sin embargo, esta experiencia transformó mi manera de verlos. Hoy tengo más paciencia, más tolerancia y más empatía. Ahora, cuando veo a un niño, le sonrío, trato de comprenderlo y de aceptarlo tal como es.

Durante estos tres meses aprendí a convivir con los niños y siento que esta experiencia también me ayudará en el futuro, cuando tenga hijos. Aprendí la importancia de educarlos con paciencia, comprenderlos, guiarlos y criarlos con amor y respeto. De alguna manera, esta experiencia también me enseñó valores que podré aplicar en mi vida personal.

Estoy profundamente agradecida por todo lo que viví en la fundación. Esta experiencia llenó mi corazón y me permitió reencontrarme con la niña que fui, recordando mis propios sueños. Sentí que esa niña pequeña finalmente pudo cumplir uno de sus mayores anhelos. Los niños fueron mi mayor motivación durante todo este proceso.

Disfruté cada momento que compartí con ellos, incluso conversando sobre los gustos e intereses que teníamos en común. Me siento muy feliz de haber culminado esta etapa. No puedo negar que hubo días cansados y momentos difíciles, porque siempre surgen circunstancias inesperadas en la vida. Sin embargo, gracias al apoyo, la comprensión y el acompañamiento que recibí en la fundación, pude superar cada uno de esos desafíos.

También me siento muy agradecida con mi supervisora, quien siempre fue comprensiva con las situaciones que se me presentaban. Me brindó su apoyo cuando lo necesité y nunca me exigió más de lo que podía dar en esos momentos. Gracias a ello, pude realizar mi servicio social con tranquilidad, confianza y mucho entusiasmo.

Sin duda, esta experiencia marcó una etapa muy importante en mi vida. Me permitió crecer como persona, fortalecer valores como la paciencia, la empatía y la tolerancia, y confirmar que servir a los demás también transforma a quien brinda su ayuda.

Escrito por: Kelly Chan| Estudiante de la carrera de Derecho y Ciencias Políticas.

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