Mi experiencia en el Servicio Social Universitario (SSU) fue un viaje transformador que me permitió conectar con la comunidad de una manera significativa y profunda.
Durante estos meses, trabajé con la Cruz Blanca de Panamá, dedicada a la educación y el desarrollo social, donde tuve la oportunidad de implementar talleres enfocados en habilidades sociales y prevención de adicciones.
Desde el primer día, comprendí que mi labor no solo era enseñar, sino también aprender de las historias y vivencias de los participantes.
Uno de los momentos más impactantes de mi experiencia fue mi participación en un campamento “Jóvenes Construyendo un Mundo Mejor” junto a estudiantes del Instituto Rubiano, que resultó ser increíble.
Inicialmente, fui participante, disfrutando de actividades que promovían la creatividad, la colaboración y la reflexión personal. En este espacio, pude conectar con otros jóvenes de diversas realidades, lo que me permitió apreciar la riqueza de sus experiencias y emociones.
La conexión que se estableció entre nosotros fue genuina, y cada actividad se convirtió en una oportunidad para compartir y crecer juntos.
Más adelante, tuve la oportunidad de convertirme en guiadora del campamento. Este rol me permitió no solo liderar actividades, sino también ser un apoyo emocional para los jóvenes. Ver cómo se abrían y compartían sus sentimientos fue conmovedor; muchos de ellos enfrentaban desafíos personales que no siempre se atrevían a expresar.
Estar presente en esos momentos fue maravilloso y me ayudó a comprender la importancia de la empatía y el apoyo emocional en el desarrollo personal de cada uno de ellos.
El campamento no solo fortaleció mi vínculo con los jóvenes, sino que también me acercó aún más a la Cruz Blanca.
La conexión que establecí con los valores de la organización me motivó a querer quedarme como voluntaria a largo plazo.
A través de esta experiencia, aprendí sobre la importancia de servir a los demás y de estar disponible para quienes más lo necesitan.
La formación y el trabajo en equipo con otros voluntarios me enseñaron la relevancia de la colaboración y la diversidad de ideas en la creación de un ambiente inclusivo y enriquecedor.
Además, el campamento me brindó la oportunidad de reflexionar sobre mis propias emociones y experiencias.
Me di cuenta de que también estaba en un proceso de autodescubrimiento. Aprendí a valorar mis propias vivencias y a entender cómo estas pueden influir en mi capacidad para ayudar a los demás.
Esta introspección fue fundamental para mi crecimiento personal y profesional. Estoy convencida de que el servicio social es una herramienta poderosa para el cambio y el crecimiento, tanto para los beneficiarios como para quienes servimos.
Escrito por: María Alba | Estudiante de la carrera de Psicología

