Mi experiencia en el Servicio Social Universitario (SSU) se dividió en dos espacios profundamente distintos, pero igualmente formativos: el Hogar de la Infancia y el proceso de observación electoral.

Ambos escenarios me brindaron la oportunidad de salir de la zona de confort académica y aplicar los conocimientos adquiridos en la universidad en contextos reales, complejos y desafiantes.

En el Hogar de la Infancia, mi labor principal fue brindar tutorías a niños de diferentes grados escolares. Más que enseñar contenidos, el desafío consistía en encontrar las estrategias adecuadas para que cada estudiante pudiera comprender y avanzar.

Me enfrenté a realidades muy diversas: algunos estudiantes tenían dificultades marcadas de lectoescritura, otros necesitaban apoyo más individualizado para seguir el ritmo escolar, y muchos requerían simplemente que alguien les dedicara tiempo con paciencia y constancia.

Esta experiencia me hizo consciente de la desigualdad en el acceso a una educación de calidad y de cómo factores sociales, económicos y culturales influyen directamente en el proceso de aprendizaje.

Para adaptarme a esta realidad, desarrollé habilidades que van más allá de lo teórico: aprendí a ser más empática, flexible, creativa y persistente. No todos los estudiantes responden a las mismas metodologías, por lo que fue esencial observar, escuchar y experimentar diferentes formas de enseñar, incluso sin contar con recursos materiales suficientes o con un entorno plenamente estructurado para el aprendizaje.

Comprendí que educar no es un acto mecánico, sino una práctica profundamente humana, que requiere sensibilidad, compromiso y adaptación constante.

Por otro lado, la experiencia como observadora electoral me permitió participar activamente en un ejercicio clave de la vida democrática. A través de esta labor, pude observar el funcionamiento de los procesos electorales, verificar el cumplimiento de las normas y asegurar que se respetaran los derechos de los votantes.

Esta vivencia me permitió entender el valor de la transparencia, la legalidad y la responsabilidad ciudadana, además de reafirmar mi convicción de que la participación informada es esencial para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Ambas experiencias me dejaron enseñanzas duraderas. En el ámbito educativo, reafirmé que enseñar es también aprender del otro, que cada realidad exige una respuesta diferente, y que como futuros profesionales debemos desarrollar una mirada crítica y solidaria. En el ámbito cívico, comprendí que el fortalecimiento de la democracia requiere no solo de instituciones fuertes, sino también de ciudadanos.

Escrito por: Martina Varesio | Estudiante de la carrera de Negocios Internacionales

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