Lección Inaugural: Su Ser y Quehacer para el año 2020

Lectio Inaguralis por Hermana Rosmery Castañeda Montoya,op

Agradezco al Padre Miguel Ángel Keller, quién me invitó para este momento de “encuentro con todos ustedes” que forman hoy este plantel universitario, siempre en búsqueda de la Excelencia.

El propósito que me he trazado en esta Lectio Inaguralis para este año 2020 es sensibilizarnos como académicos de esta universidad en la urgencia que tenemos como misión dentro de este templo de la sabiduría. y tomar decisiones claras que se puedan poner en práctica, de manera sencilla y sistematizada a quienes trabajan en la Universidad: profesores, estudiantes y otros profesionales, que pueda serles útil a nivel personal y a nivel de comunidad académica

Como saben (algunos que me conocen), la actividad universitaria ha sido mi ámbito de trabajo durante muchos años (Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín)  e, incluso después de no ejercerla, nunca he dejado de seguirla y de sentirme espiritualmente vinculada a ella y es por esto que les hablo desde una larga experiencia.

Recordemos cómo se “gestaron” las Universidades muchos siglos atrás. “Creo, que se pueda decir que, el verdadero e íntimo origen de la Universidad, está en el afán de conocimiento que es propio del hombre. “Quiere saber qué es todo lo que le rodea y quiere la verdad. La universidad es una de las más grandes creaciones de la civilización occidental, única en su género: un instituto dedicado al mundo del intelecto. La universidad nació no de una idea preconcebida, sino de la paulatina convergencia de circunstancias históricas. En último término fueron dos corrientes: la de los que querían aprender y la de los que estaban dispuestos a enseñar.

La génesis de las universidades no siguió la misma dirección en todas partes, y estas corporaciones tuvieron rasgos distintos marcados por diferencias regionales. Así, la Universidad de París era una institución eclesiástica, se formó por iniciativa de los que deseaban instruir; fue así una corporación principalmente de maestros. La Universidad de Bolonia, en cambio, era laica, se originó de escuelas comunales, surgió por iniciativa de los jóvenes ávidos de conocimientos, y fue una corporación básicamente de estudiantes. Éstos eran los que votaban para elegir rector.

Las cuatro universidades que nacieron en el siglo XIII, las primeras de todas, fueron la de Bolonia, la de París, la de Oxford y la de Montpellier.

Desde sus orígenes, estas universidades tenían como alma el saber, el deseo de aprender, la voluntad de enseñar, la libertad y el espíritu de universalidad en el cultivo de la verdad.

El santo Juan Pablo II, hace memoria de estos principios y nos dice: “toda Universidad tiene como misión fundamental la constante búsqueda de la verdad mediante la investigación, el estudio académico y la comunicación del saber para el bien de la sociedad” (Ex Corde Ecclesiae sobre las universidades católicas 1990), no sólo tiene como misión investigar la verdad y suscitar perenne asombro ante ella, sino también promover su conocimiento en todos los aspectos y defenderla de interpretaciones reductivas y desviadas.

Pues bien, esta tarea es particularmente urgente en nuestros días. Desde hace ya varios años y yo no dudo en afirmar que la gran enfermedad de nuestro tiempo es su déficit de verdad. Esta renuncia a la verdad constituye el núcleo de la crisis intelectual que nos toca vivir, donde la utilidad y los resultados cuantificables se han convertido en los únicos criterios de éxito, sustituyendo a la verdad tanto en el ámbito de la existencia personal como en el de la convivencia entre los hombres. Hasta la razón misma se dobla ante los intereses… (él juega vivo).  El relativismo que deriva de ello y genera un camuflaje, detrás del cual pueden ocultarse nuevas amenazas a la autonomía de las instituciones académicas (Benedicto XVI. Mirada futura de las Universidades).

Por tanto, puede considerarse que es misión propia de los profesores universitarios plantearse y plantear las cuestiones fundamentales, porque en la Universidad La formación de las nuevas generaciones es su función propia, aunque no exclusiva de las universidades, debe abarcar todas las dimensiones a las que se orienta el ser humano.  ofreciendo a los jóvenes la posibilidad de madurar intelectual, moral y civilmente, confrontándose con los grandes interrogantes que interpelan la conciencia del hombre contemporáneo.

La educación católica hoy.

En el mundo de hoy, en un ámbito tecnológico y económico desarrollado “se encuentra una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de aquello que es mensurable, a eliminar del saber sistemático y crítico la fundamental cuestión del sentido”. En este contexto, según el Papa Francisco, es necesario afirmar el significado de las universidades católicas, que deben ser “especialistas en humanidad”, promotoras de humanismo auténtico. “Porque la vocación originaria de la universidad es obediencia a la verdad y servicio a la humanidad”.

Tres características que deberían distinguir a toda institución universitaria, y sugiero que su cultivo podría constituir una ayuda para recuperar esa dimensión universitaria: la atención especial a la persona, la dimensión comunitaria en la investigación científica, y el diálogo entre la fe y la cultura

Me refiero en esta Lectio Inaguralis, sólo a la primera. Por qué? Pueden preguntarmelo. Y es que siento una necesidad grande y que se vuelve urgencia para mi; “mirar al Joven universitario” como el centro de nuestra universidad, a quien le debemos el ser  nosotros profesores académicos. Son ellos los que le dan existencia a nuestra universidad.

  1. Atención especial a la persona: La primera pregunta que debería formularse todo aquel que esté comprometido en la tarea de la educación universitaria es: “¿Al servicio de qué hombre, de qué imagen del hombre, quiere estar la universidad? de una persona ensimismada en la defensa de sus intereses, sólo en una perspectiva de intereses, una perspectiva materialista? ¿o de una persona abierta a la solidaridad con los demás, en busca del verdadero sentido de la existencia, que debe ser un sentido común, que trasciende a la persona?” porque mientras las disciplinas tienden naturalmente a la especialización, la persona necesita unidad y síntesis.

Como profesores académicos, preguntémonos:

Me permito contarles una anécdota, que se hizo en mí experiencia vital para relacionarme con los jóvenes de mi universidad. Recuerdo en una de las profesiones de FE, en la que los profesores de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín),  acudíamos cada año en el primer día antes de recibir a los jóvenes universitarios, cuando nos soprendió el Arzobispo Monseñor Ricardo Tobón Restrepo (gran canciller de la UPB) diciéndonos: es imposible profesar la FE en esta Universidad, si ustedes profesores académicos no responden a las siguientes preguntas:

¿Qué significa ser joven hoy? Quién es el joven universitario hoy? ¿Cuáles son los territorios, los deseos, los miedos, las apuestas, las alianzas, las prácticas en las que se despliegan sus anhelos? ¿Cómo aproximarse a una comprensión, respetuosa, de los universos en los que emergen nuevas culturas organizativas, comunicativas, políticas, a través de las cuales miles de jóvenes buscan incorporarse de formas alternas a las que les propone un sistema injusto e inequitativo? ¿Cómo comprender sus prácticas, sus cuerpos, su música, sus lenguajes?

Aún más hoy, en el continente americano, cuatro de cada diez migrantes son jóvenes. Se van porque no encuentran lugar, por las altas tasas de desempleo, por la falta de oportunidades, por miedo a la violencia, “porque no les queda de otra” (como me han dicho muchos jóvenes migrantes). Migrar es para muchos jóvenes la única opción.

Yo les pregunto a ustedes que hoy me escuchan en esta Universida Santa María la Antigua: ¿Ha hecho la universidad un senso de los jóvenes estudiantes que son migrantes y hemos dado el espacio para escucharlos?  se sienten ellos acogidos? en familia? y sus problemas pueden ser ventilados aquí en nuestra familia universitaria porque se les dan las mejores soluciones? O son ellos ignorados y siguen siendo extranjeros, excluídos, mirados con indiferencia?

Muchos de nuestros jóvenes están sumergidos en una sociedad desapasionada y débil cuyos motivos de interés nacional y los proyectos colectivos es débil y que no muestran un interés apasionado y fuerte por unos ideales comunes. Se trata de admitir que ellos (los jóvenes) rechazan con cierto grado de claridad y energía  las cosas y casos que no van con lo más justo, pero también debemos reconocer que los jóvenes, no nos muestran cuáles son sus proyectos sociales, sus compromisos con la sociedad futura. Es aquí donde debemos estar a su lado para intercambiar sus sueños con nuestra visiones (encuentro de jóvenes y ancianos. Papa Francisco 2019)

Cuando se pretende dar puntos de vista de la sociedad en la que estamos sumerigidos, debemos reconocer nosotros los adultos que, tenemos posiciones  ancladas bien sea por la formación recibida y prácticas a la que estamos vinculados. Cuánto más yo, que, por el mero hecho de ser religiosa y Dominica traigo una formación arraigada en el Carisma que es siempre la búsqueda de la VERDAD.

Ambiente social en el que viven los jóvenes: Una generación integrada por jóvenes de entre 18 y 30 años (me refiero a los universitarios) que han crecido rodeados de la tecnología, el consumo y la publicidad, viven con ritmos de vida agitados (presión por falta de apoyo familiar, social, económico) que generan situaciones de stress y sintomatología de enfermedad. Una generación caracterizada por ser nativos digitales, muy diversos social y culturalmente, conectados y a la vez solitarios, inmersos en una situación de crisis económica, más inmaduros y dependientes, pragmáticos en sus estudios y con una gran capacidad para obtener información.

Los jóvenes viven hoy en una cultura de la emoción (tan alegres, como depresivos, nerviosos, tensionados). cultura del lucro (tener, aparentar, buscar éxito). cultura de la indiferencia religiosa (allá ellos), la aparición de un nuevo relativismo cultural y moral (“derecho a la diferencia”, “respeto a la opinión del otro”) Este relativismo cultural y moral tiende a convertirse en pasividad y permisividad de los educadores hacia conductas que son claramente intolerantes y lesivas para los derechos de los demás. Así, en lo académico parece casi desterrado el concepto de “disciplina” y “respeto mutuo” del alumnado con respecto al profesor y de éste con el alumnado. En esta modernidad líquida, lo que antes era duradero, religión, empleo y relaciones, pasa a ser efímero (Zygmunt Bauman) Además, la vida social ya se ha transformado en una vida electrónica o cibervida.

En su estancia en la universidad, su formación universitaria no es el único tema de interés; bien por que han de compartirla con un trabajo necesario o complementario para vivir, o bien porque hay otras muchas cosas que reclaman su atención. Viven en una sociedad débil, que carece de fundamentos conceptuales acerca de lo que es el bien y el mal en el plano ético, y que ni siquiera se lo plantea. Eso podría describirse diciendo que “el bien y el mal”, “lo bueno y malo” desde el punto de vista moral dependen completamente de las circunstancias del momento, de la situación o contexto en el que se desarrolle la conducta del individuo. Así, tenemos un porcentaje alto de la población juvenil universitaria que parece inclinarse por el relativismo moral, ya que solamente un 40 % piensa que existen criterios claros sobre el bien y el mal moral válidos para todas las personas y en todas las circunstancias.

Pero no podemos callar la riqueza de los jóvenes:  Hay que destacar el altruismo de los jóvenes. Son muchos los que siguen actuando, comprometiéndose, involucrándose en miles de proyectos y de causas humanitarias. Abren medios para la gente que está sola; ayudan en comunidades empobrecidas; aprenden en la universidad; escriben en sus blogs, actualizan sus estados de facebook, se suman o propone un #hashtag en twitter para denunciar una injusticia; se aprestan a levantarse para ir allá donde hay abuso  y hambre; escuchan una nueva canción en youtube; se emocionan con el discurso de una joven anarquista; producen un video que dará la vuelta al mundo; firman decididos una petición sobre el cambio climático; adoptan un perro que sufre abandono; montan en bicicleta orgullosos de su opción por el cambio climático; lloran y se indignan por la violación de una estudiante. El espacio de intervención inteligente es amplio. Ellos y ellas constituyen un enorme desafío. Narran a través de sus prácticas el declive de una sociedad que no escucha, no ve, no dialoga. Es una generación joven educada en la sociedad digital.

Algunos libros de sociología y filosofía evocan un mismo clima intelectual y quieren darnos el diagnóstico de la sociedad en la que nos movemos, títulos como “Las estrategias fatales”, “La era del vacío”, “El cierre de la mente moderna”, “La derrota del pensamiento”, “El espíritu de la comedia”, “Ética para náufragos”, “Proyecto de una ética mundial”. Estos libros, parten de la misma pregunta acerca de la realidad individual y social en la que estamos instalados: ¿Qué me pasa en lo más hondo de mí mismo, ¿qué nos está pasando realmente, qué tipo de sociedad estamos construyendo entre todos? ¿Cuáles son las claves para interpretar la compleja sociedad en la que vivimos? Y al intentar narrar lo que pasa, lo que me pasa y nos pasa, inevitablemente estos autores realizan un diagnóstico bastante aproximado y certero de la realidad.

Por tanto, la Universidad debería proponerse conservar la fisonomía de un centro de estudios “a medida del hombre”, en el que la persona del alumno salga del anonimato, sea tratada como un individuo único e irrepetible y pueda cultivar un diálogo fecundo con los profesores que le estimule a crecer desde el punto de vista cultural y humano, pues la relación didáctica sólo puede llegar a ser relación educativa, un camino de maduración humana, si se valora a la persona y las relaciones interpersonales. El profesorado deberá atender a estudiantes cada vez más diversos con muy diferentes metodologías y tecnologías docentes.

La cordialidad académica. (Papa Francisco arremete contra universidades que imponen ideología y no enseñan a dialogar

El rasgo más característico de los mejores profesores universitarios, dice el Papa Francisco, son auqellos los que están interesados por encima de todo en que sus alumnos realmente aprendan y para lograrlo están dispuestos a cambiar sus métodos, sus actitudes y todo lo que sea preciso porque “educar no es llenar un vaso, sino más bien encender un fuego”

Papa Francisco se refirió a las llamadas “universidades de élite”, en las que no se enseña a dialogar, sino que enseñan ideologías: “Te enseñan una línea ideológica y te preparan para ser un agente de esa ideología. Eso no es una universidad”, explicó el Papa. En este sentido, destacaba el papel de la universidad para el desarrollo de una cultura del diálogo: “La universidad es el lugar donde se aprende a dialogar, porque dialogar es lo propio de la universidad. Una universidad donde se va a clase, se escucha al profesor y luego se vuelve a casa, eso no es una universidad. En la universidad debe desarrollarse una artesanía del diálogo”.

El crecimiento personal tiene que estar enraizado en un espacio comunitario en el que, el intercambio de “bienes espirituales entre estudiantes y profesores” no solo resulte posible, sino que se promueva positivamente. durante los años universitarios resulta esencial el trato afectuoso e inteligente de profesores y alumnos, la conversación cordial y la convivencia libre entre los estudiantes de forma que puedan aprender unos de otros y se ensanchen así su mente y su corazón

Me llamó la atención que los mejores profesores “tienden a tratar a sus estudiantes con lo que sencillamente podría calificarse como amabilidad”, “escuchan a sus estudiantes” y “evitan el lenguaje de las exigencias y utilizan en su lugar el vocabulario de las expectativas. Invitan en lugar de ordenar”. Los mejores profesores, a fin de cuentas, son aquellos que quieren a sus estudiantes, quieren que crezcan y ponen al servicio de ese objetivo toda su ciencia y todos sus afanes. Sin duda alguna, la cordialidad es un elemento central para la calidad de la vida académica. Esa cordialidad ha de expresarse en la colaboración afectuosa de unos profesores con otros, en el trabajo en equipo, en el aprendizaje cooperativo y en tantos otros aspectos que hacen tan amable la vida universitaria y el trato entre profesores y alumnos. (17 de febrero de 2017)

Al hacer memoria del sínodo de los jóvenes y como resultado de la Jornada Mundial de la Juventud 2019, les comunico que, nuestra Iglesia Panameña ha declarado tres años dedicados a los jóvenes: 2020,2021,2022 lograr su protagonismo no solo en la Iglesia sino en la sociedad

  • El documento final del Sínodo de los jóvenes, constata que los jóvenes, quieren ser “escuchados, reconocidos, acompañados”.

Queridos jóvenes universitarios, el Papa Francisco les dice «Ser joven es una gracia, una fortuna». La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo. Es una alegría, un canto de esperanza y una bienaventuranza. Apreciar la juventud implica ver este tiempo de la vida como un momento valioso y no como una etapa de paso donde la gente joven se siente empujada hacia la edad adulta. “Cristo vive, esperanza nuestra y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se hace joven, se hace nuevo, se llena de vida.¡Él vive y te quiere vivo!”.

Si has perdido el vigor interior, los sueños, el entusiasmo, la esperanza y la generosidad, ante ti se presenta Jesús como se presentó ante el hijo muerto de la viuda, y con toda su potencia de Resucitado te exhorta: Joven, a ti te digo, levántate (Lc 7,14). Sólo Dios tiene el poder de restaurar una vida perdida, sólo Él tiene la autoridad de detener la muerte, sólo Él es dueño de la vida.

Joven a ti te lo digo: “Levántate”! es la que nos hace falta para volver a la vida, es la que pronuncia Jesús en el Evangelio. A veces, sólo basta esa sola palabra para incorporarnos a la vida. Jesús nos invita a levantarnos de la esclavitud de la muerte. Levántate de la soledad, del hambre, de la desnudez, del peligro, del mal, en fin, de todo aquello que te quita la vida; por eso nos dice claramente: Levántate y vive.

 «¡Muchacho, a ti te digo, levántate!» «¡Levántate (egértheti)!» viene de la palabra griega egeiro, que significa levantarse nuevamente. Es una exhortación no solamente a despertar (puede uno despertar pero permanecer largo rato en cama), sino a volver a ponerse de pie, abandonar el estado de sueño y postración, sacudirse de la somnolencia y ponerse en acción.

La de Jesús es una orden, un mandato, un imperativo que devuelve la vida a quien la ha perdido: su palabra es eficaz, poderosa. Con ella devuelve a la vida al hijo de la viuda, y en otra ocasión, a la hija de Jairo a quien dice: «Talitha cumi, que quiere decir: Muchacha, a ti te digo, ¡levántate!» (Mc 5, 41). En ambos casos, se trata de jóvenes adolescentes.

Un joven que abandona sus impulsos vitales por su incapacidad de superar las angustias, las ataduras y limitaciones que le impone su situación de vida. Jesús es la voz que lo levanta, que le habla a lo profundo de sus deseos vitales y lo devuelve con una nueva identidad, como protagonista al camino de su vida… ¿qué voz es ésta, más dulce, más acorde, que, en el secreto de su ser, con un nuevo deseo, lo llama al porvenir?

Por eso es urgente que los jóvenes encuentren en ustedes queridos profesores universitarios;

  • quien los haga reflexionar para que descubran su valor y lo hagan patente, que los motive a conocerse y amarse a sí mismos de tal manera que sean capaces de poner límites a quienes quieran abusar de ellos o utilizarlos de alguna forma. Que sepan que tienen la posibilidad de cambiar de rumbo y aprovechar sus talentos y habilidades para transformar su realidad y sobre todo, que tienen derecho a ser felices.
  • Debemos ayudarlos para que escuchen la voz de Aquél que dijo al hijo de la viuda de Naím: “Joven, a ti te digo: levántate” (Lucas 7, 14), para que se reconozcan como hijos de Dios, dignos, valiosos, únicos e irrepetibles, y que, fortalecidos, se apliquen personalmente la frase: “Joven, a ti te digo: valórate” para que cambien su futuro, el de sus hijos y el de la sociedad.

Sabes cuál es tu papel aquí en la Universidad Santa María La Antigua? Transmitir Espiritu y Conocimiento, te lo traduzco: Extender la mano a quien veas lo necesita y despertar ganas de vivir porque, tu, profesor universitario, y tu joven estudiante de esta universidad, les das sentido a la vida con deseos de aprender, conocer y buscar la Verdad que es Jesús de Nazareth.

Muchas Gracias

Hermana Rosmery Castañeda M.

Dominica de la Presentación

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